¿Quién mandó construir el Acueducto de Segovia? Dominica Contreras adelanta su origen a tiempos de Vespasiano

La historiadora española, tras décadas de estudio, propone que esta joya romana se inició bajo Vespasiano en el siglo I d.C., que cuestiona la datación tradicional.

La imponente estructura de granito del Acueducto de Segovia, el monumento más reconocible de la ciudad, representa la ingeniería romana en su máxima expresión. Construido con 24.000 bloques, sin una gota de mortero, transportaba el agua desde el río Acebeda. Pero ¿quién dio la orden de levantarlo? La historiadora Dominica Contreras, de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, ha dedicado gran parte de su vida a desentrañar quién mandó construir el acueducto. Y en su último libro defiende que las obras comenzaron alrededor del año 70 d.C., bajo el emperador Vespasiano, lo que adelanta casi cincuenta años la fecha comúnmente aceptada, vinculada a Trajano o Adriano.

Acueducto de Segovia construido por Vespasiano según nueva investigación
Según Dominica Contreras, Vespasiano habría mandado la construcción del acueducto. Imagen de Bernard Gagnon para la Wikipedia

Las inscripciones perdidas revelarían quién ordenó construir el acueducto

Esta propuesta no surge de la nada. Contreras, con su ojo entrenado en epigrafía y arquitectura, ha compilado evidencias que pintan un panorama más temprano para el monumento. Desde 1995, ha publicado sobre el acueducto, y su obra más reciente, Misterio del acueducto de Segovia: Vicisitudes y datación (Editorial Almuzara), resume estas décadas de análisis. Su investigación parte de varias inscripciones latinas clave. Algunas de ellas han desaparecido a día de hoy, pero están documentadas en crónicas antiguas.

Una, en la antigua Puerta de San Juan —derribada en 1888— mencionaba que el gobernador Lartius Licinius mandó edificar la obra bajo Vespasiano. Otra de las inscripciones, una placa de bronce hallada en la ciudad durante unas obras de los años 80, confirma que la ciudad era un municipium flavio, con autonomía para proyectos públicos desde la era de Tiberio y reforzada bajo los Flavios. Por último, la más reveladora, se encontraba en el propio acueducto: una cartela que albergaba una dedicatoria solemne con letras de bronce macizo sujetas por pernos.

El problema de esta última es que las letras ya no se conservan. En 1520 se emitió una orden oficial para retirarlas porque amenazaban con caerse, y solo quedaron las perforaciones o hendiduras de los pernos que las sujetaban. Desde entonces, la inscripción permaneció como un misterio hasta que en 1992 el profesor Géza Alföldy realizó un exhaustivo estudio fotogramétrico de esas «huellas» y logró reconstruir el texto original letra por letra.

La inscripción original contenía la frase PVBLIVS MVMMIVS MVMMIANVS ET PVBLIVS FABIVS TAVRVS DVVMVIRI MVNICIPII FLAVII SEGOVIENSIVM AQVAM RESTITVERVNT ('Publio Mummio Mummiano y Publio Fabio Tauro, duunviros del municipio flavio de los segovienses, restauraron el agua'). Si se traduce aquam restituerunt como 'restauraron' o 'restituyeron' el agua de forma literal, significaría que los magistrados no mandaron construir el acueducto desde cero, sino que intervinieron en una estructura ya existente. Sin embargo, se podría interpretar como una fórmula utilizada para indicar que estos magistrados «remataron» o completaron la obra para que el agua finalmente fluyera. Contreras sugiere que pudieron hacerse «algunos retoques» o completarse tramos finales para tener una excusa legal y política que permitiera dedicar la obra al emperador Trajano alrededor del 98 d. C.

El texto perdido de la cartela es clave para averiguar quién mandó construir el acueducto de Segovia
Dibujo de los agujeros de los anclajes y de las letras perdidas en la cartela del acueducto de Segovia, según Alföldy. Imagen tomada de turismodesegovia.com

Las excavaciones apoyan la idea del fin de un proceso largo. Según la historiadora, las obras se habrían iniciado bajo Vespasiano, lo que se deduce por el estilo arquitectónico y hallazgos en los cimientos, continuaron con Tito y Domiciano, y se restauraron o completaron más tarde. Contreras enfatiza mucho el estilo del monumento, y lo compara con otras construcciones flavias como el Coliseo, el Anfiteatro de Pula (Croacia), el Acueducto de Cesarea Marítima (Israel) y los puentes de Chaves (Portugal), Salamanca y Mérida, que exhiben un patrón rústico y funcional, en contraste con el refinamiento de la era trajana.

Especialistas como José María Álvarez y Joaquín Barrio Martín apoyan la hipótesis de Dominica Contreras, que enfrenta, no obstante, resistencias locales, quizás por apego a narrativas establecidas. Tradicionalmente, el acueducto se databa en el siglo II d. C. Este tipo de debates enriquece la investigación y permite revisar los conocimientos establecidos sobre el legado romano. Pero más allá de las disputas académicas, Contreras alerta sobre amenazas modernas: las vibraciones del tráfico y la contaminación erosionan el granito y ponen en riesgo este monumento milenario, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.

Fuentes

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