Expuesto por primera vez al público un sombrero romano de sol de más de 1600 años de antigüedad
Frente a la imagen homogénea que se suele tener de los legionarios romanos, influenciada sobre todo por el cine, la realidad es que su indumentaria y armamento fueron cambiando con el paso del tiempo y a medida que el imperio se expandía. Al desplegarse por provincias cada vez más alejadas de Italia, los soldados incorporaban a su panoplia armas y equipo de otros pueblos que se habían adaptado a climas muy distintos, ya fuesen ambientes húmedos y brumosos como los de Britania o áridos desiertos como los de Siria o Egipto. Precisamente de este último territorio procede el sombrero romano de sol expuesto por el Bolton Museum tras permanecer más de un siglo en sus almacenes, y después de una cuidadosa restauración: una pieza poco conocida que ayudará a comprender mejor esta capacidad adaptativa romana.

Más de cien años en los almacenes del museo
El recorrido de este sombrero comenzó en Lahun, un asentamiento del oasis egipcio de El Faiyum, un lugar especialmente rico en restos arqueológicos. Es allí donde, en 1888, el arqueólogo británico Sir William Matthew Flinders Petrie descubrió, entre enterramientos y restos de textiles, un sombrero de aspecto insólito. Se trataba de un sombrero de ala ancha y fieltro de lana, concebido para protegerse del sol y las tormentas de arena del desierto.
Años más tarde, en 1911, Petrie donó la pieza al entonces Chadwick Museum de Bolton (Reino Unido), que acabaría convirtiéndose en el actual Bolton Museum. La prenda, extraordinariamente frágil, permaneció en los almacenes del museo durante más de 110 años. Por desgracia, la pieza sufrió daños por la acción de las polillas y el desgaste propio del material orgánico a lo largo de todo este tiempo.
Según ha explicado el conservador Ian Trumble, el sombrero de Bolton es uno de los tres ejemplares conocidos de este tipo de gorros de protección solar; los otros dos se encuentran en Manchester y en Florencia. Se ha datado entre finales del siglo IV y mediados del VII d. C., un periodo que abarca tanto época tardorromana como los primeros tiempos del mundo bizantino. Procede de un Egipto plenamente romanizado y cristianizado, con una fuerte identidad copta. Tras su reciente restauración, el de Bolton es el sombrero que se encuentra en mejor estado de los tres, por lo que se ha convertido en una referencia imprescindible para estudiar este tipo de indumentaria.
Del almacén a la vitrina: el delicado proceso de restauración del sombrero romano de Bolton
A primera vista, el objeto podría pasar por un sombrero campesino, pero, si se examina con más detenimiento, se aprecia que es una pieza técnicamente compleja y cuidada visualmente. Se trata de un gorro cónico de fieltro de lana, con ala ancha, confeccionado a partir de varios paneles cosidos. El sombrero tiene poco más de 39,5 centímetros de diámetro, y su diseño juega deliberadamente con el color, ya que el cuerpo principal está elaborado en fieltro marrón, el ala en fieltro rojo, los bordes se rematan con paño verde y tiene una franja de tela azul. El interior está forrado con fieltro blanco, probablemente para mayor comodidad. Las costuras con motivos decorativos indican que, más allá de la funcionalidad, se buscó un acabado estético cuidado. La combinación de colores y detalles ornamentales entronca con la tradición de los textiles coptos de El Fayum, conocidos por sus tejidos multicolores, sus motivos geométricos y la fusión de símbolos egipcios, romanos y cristianos en una misma pieza.

Para poder exhibirse al público, el sombrero ha necesitado una restauración delicada que ha llevado a cabo la experta conservadora textil Jacqui Hyman. La pieza se encontraba en un estado de extrema fragilidad tras más de un siglo en los almacenes —guardada en una caja, donde quedó aplanada—, y presentaba zonas con pérdida de material por el ataque de las polillas, que se habían comido parte del fieltro de lana original. La intervención se planificó meticulosamente para que el tratamiento fuese «apropiado y sensible» y no alterara la esencia del objeto. El reto era devolver el volumen original a un objeto plano y frágil.
Primero se estabilizó la pieza, consolidando las fibras sueltas, para poder manipularla con seguridad. Después, se rellenaron las lagunas con telas teñidas a mano, ajustadas al color y la textura del fieltro antiguo, y se creó un soporte estructural interno que devolvió la forma tridimensional sin forzar el material. El resultado permite mostrar hoy el sombrero con su silueta original y con intervenciones discretas y reversibles. Esta restauración ha sido posible gracias a una donación privada de la empresa local Ritherdon & Co. Ltd.; como reconocimiento, la Sociedad de Arqueología y Egiptología de Bolton otorgó a la compañía el premio Lotus Chalice por su contribución a la conservación de este objeto único.
Un sombrero de ala ancha para soportar los rigores del desierto
¿Por qué un soldado romano acabaría llevando un sombrero de fieltro en lugar de su casco reglamentario? Por puro pragmatismo: en regiones desérticas como las de Egipto, con temperaturas muy altas y exposición continua al sol, el casco metálico se terminaba convirtiendo en una carga porque se recalentaba, ventilaba mal y apenas protegían de la arena. Llevarlo de forma constante aumentaba la fatiga y el riesgo de padecer deshidratación y sufrir desmayos. En climas tan duros, mientras no se estaba en combate, era más eficaz recurrir a este tipo de sombreros similares al pétaso griego, muy extendidos por el Mediterráneo. El ejemplar de Bolton parece una versión romana adaptada al entorno egipcio. A partir del siglo III, se empezó a popularizar entre las tropas el uso de gorros de fieltro, como el pileus pannonicus, lo que respalda su interpretación como pieza de uso militar. Además, un sombrero de fieltro con ala ancha ofrecía ventajas prácticas en el desierto: protegía mejor del sol y de la arena, era más ligero y transpirable y, al ser de fieltro, podía repararse con facilidad.

El Bolton Museum ha incorporado este sombrero romano de sol a la exposición permanente de su galería de Egipto. Pensada para resolver problemas muy concretos, esta pieza permite acercarse a la vida cotidiana de los soldados romanos destinados en Egipto, fuera del contexto del combate, y nos muestra una dimensión muy humana del pasado.
Fuentes
- Killgrove, Kristina. «Roman Sun Hat: A “Very Rare” 1,600-Year-Old Brimmed Cap That May Have Protected a Roman Soldier from Egyptian Sandstorms». Live Science, 1 de diciembre de 2025.
- «Los romanos también usaban gorras para el sol: así era el casco que les protegía del calor en Egipto hace 2000 años». National Geographic Historia. 3 de diciembre de 2025
Deja una respuesta

Seguro que también te interesa: